jueves, 9 de agosto de 2012

¿Conviene seguir detrás del plato?



Cuando se habla de receptores, siempre existe un dilema.
Casi toda persona con conocimiento del béisbol coincide en que agacharse detrás del plato por más de 120 partidos al año, la carga típica de un cátcher titular de Grandes Ligas, resulta en suficiente desgaste de las rodillas para toda una vida--ni hablar de una campaña de 162 juegos.
También está el agotamiento mental de pedir el juego, ser el ancla de la defensa, bloquear el plato durante las colisiones y, cuando llega el momento, batear y correr las bases.
No hay dudas de que ser receptor tiempo completo puede acortar la carrera de un pelotero. Por eso es que algunos de los jugadores élite de esta era que son cátchers enfrentan una interrogante persistente: ¿Cuándo cambiar de posición?
Ahí está la disyuntiva.
"Ser cátcher es una posición única en el terreno", dijo el mánager de los Marineros y ex receptor de Grandes Ligas, Eric Wedge. "Es un puesto de suma importancia. Cuando tienes jugadores jóvenes o de poca experiencia, le das la oportunidad de pedir el juego. Es bueno que trabajen en otras posiciones también. Creo que es bueno para las destrezas deportivas estar del otro lado de la bola.
"Hay una escasez de receptores. Es difícil encontrar cátchers buenos. Por lo tanto, se les da todas las oportunidades de estar detrás del plato".
Los ejemplos perfectos, por diferentes motivos, son Buster Posey de los Gigantes, Joe Mauer de los Mellizos y el venezolano Jesús Montero de los Marineros.
Posey fue el Novato de la Liga Nacional en el 2010 y una pieza clave del título de San Francisco esa temporada. Pero cuando un choque con Scott Cousins de los Marlins en el plato a principios de la campaña del 2011 acabó con su temporada y puso en duda su futuro, muchos aficionados de los Gigantes, los medios y otras voces afirmaron que lo mejor era que se convirtiera en inicialista una vez que estuviera en salud.
Pero había una persona muy importante que no estaba de acuerdo: el mismo Posey.
Posey, de 24 años de edad, subió por ligas menores como cátcher y ha dicho desde el principio que quiere seguir defendiendo esa posición. Los Gigantes han sido cautelosos, poniéndolo en la primera base de vez en cuando. Pero el valor de Posey detrás del plato, sin tomar en cuanto su habilidad con el madero, es incalculable.
"Es fácil pasarlo por alto siendo tan joven, pero se ha ganado el respeto no sólo de los lanzadores, sino también de los coaches", dijo el relevista de los Gigantes, el boricua Javier López, cuando Posey comenzó a trabajar de nuevo con los pitchers durante los entrenamientos.
Por lo tanto, los Gigantes mantendrán a Posey en su lugar y a la vez estarán pendientes de su bienestar de aquí en adelante. Eso nos trae a los Mellizos de Minnesota y a Mauer, otro talento poco común con el madero que pretende seguir jugando a diario detrás del plato.
Mauer, la primera selección del draft amateur del 2001, ha ganado tres títulos de bateo y fue nombrado el Jugador Más Valioso de la Liga Americana en el 2009. Es un bateador dinámico cuyo promedio de por vida supera los .300 puntos. También ha tenido que lidiar con una lesión tras otra y, aunque el incidente que le puso fin a la campaña de Posey en el 2011 ocurrió detrás del plato, no es tan fácil explicar por qué Mauer ha padecido tantos achaques.
Pero eso no significa que la gente no haga suposiciones y la más común es que ya Mauer ya no debe ser receptor. Ese argumento lució más válido que nunca el año pasado. Tras someterse a una cirugía de una rodilla durante el invierno del 2010-11, Mauer no fue el mismo. Estuvo fuera por 58 juegos a comienzos de la campaña y terminó perdiéndose 80 compromisos en total, debido a una debilidad en ambas piernas, rigidez en el cuello, una infección viral y otra infección respiratoria que se convirtió en neumonía y que le puso fin a su temporada.
Pero, ¿abandonar definitivamente la receptoría? De ninguna manera. Mauer regresó y recuperó la forma este año, tanto al bate como detrás del plato. Fue seleccionado para el Juego de Estrellas y aunque ha estado dispuesto a ver acción en la primera base - disputó 18 juegos en la inicial en el 2011 - aún se considera un cátcher.
"Supongo que lo piensas, pero es curioso porque todas las veces - y sé que estar en la lista de lesionados no es nada bueno - pero cada vez que me lastimo, todo el mundo toca el tema", dijo Mauer el año pasado. "He tenido algunas lesiones, pero si miras todo el panorama, también he jugado bastante".
Eso es lo que los Marineros esperan que Montero haga durante muchos años. Fue con esa meta que Seattle envió al serpentinero dominicano Michael Pineda a los Yankees antes de la temporada del 2012 a cambio de Montero, considerado el mejor prospecto de Nueva York en aquel entonces. Los escuchas consideraban a Montero, de 22 años, una obra en progreso detrás del plato y, en el peor de los casos, un bateador designado. Nadie duda de su capacidad para batear pero, ¿por qué ser cátcher?
Como dirían Wedge y quizás otros ex receptores de Grandes Ligas, si se trata de un bateador de lujo con un cuerpo duradero y la inteligencia necesaria para ser el líder de un equipo, tanto fuera como dentro del terreno, ¿por qué no?
"Muchas veces los receptores florecen más tarde", dijo Wedge. "Hay desgaste en todas las posiciones, pero detrás del plato es más. Pero uno no deja que eso se convierta en un obstáculo.
"Se trata de béisbol. Estos muchachos se preparan muy bien físicamente. Uno no va forzado ni de un lado ni del otro. Dejas que las cosas caigan en su lugar y que te muestren el camino".

Tomado de www.lasmayores.com

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